Yo sabía que el alba es escueta y lo único impactante es el humo diluido
en la nocturna ambigüedad. Ayer adoraba dicha metamorfosis ecuánime
cuando fui interrumpido por un soplo edénico que parecía salir de tu
labio crepuscular: -¡Hola! - Cántico ondínico formado por trazos
inexistentes. ¡Malditas alucinaciones! Y yo le grité obscenidades a tu
fantasma, no sé si por enojo o por placer. Cómo me habría encantado que
también tu sangre hubiese aparecido ante mí en aquel momento...
La
televisión seguía encendida en el Canal Onírico, transmitiendo las
aventuras de Parzival el caballero se(nti)mental, y aquellas secuencias me hicieron recordar
la brujería lírica de tu cuerpo sobre la sábana, y la epopeya de mis
dedos escarbando tu cabello en cascada. Para ser franco, desperdicié los minutos sucesivos intentando dibujar el diafragma que me hace sentir
vivo, y es que ahora sólo me dedico a postergar la morgue con el instante
agridulce, el caramelo miasmático, la cereza empanizada con polvo, el
chocolate relleno de excremento...
Alguna vez me pediste
discursos cupidescos, pero mis neuronas envenadas hacen imposible la
articulación coherente de una sola línea de ellos. Aun si estuvieses
aquí y ahora, no podría hacerlo. En vez de eso, te hablaría del café
impregnado de mota, o del arroz en el tenedor; tal vez te contaría las
crónicas del papalote sobre el techo azul aguamarino o intenso carmesí como el ave de
fuego, o dilucidaría sobre la piraña alada, o el rojo de tus piernas,
diluido en tu simetría Venusiana... Y tal vez te invite
a oler el polen sobre mis libros, o a rezar conmigo a San Vejestorio
Roto. Te escribiría miradas en tu brazo satén, y dejaría que tus manos
jueguen conmigo a la Creación, sólo para regocijarme con tu pupila
estremecida al minuto siguiente.
¡Y si acaso sólo después de eso seré capaz de dibujar la Destrucción Perfecta!
Y
cuando todo termine, te suplicaría que me arrojes por la ventana: ya no
serviré de nada en tu vida. Al fin y al cabo, y como todos, yo
nací para morir, para vivir para morir.
Sólo te advierto que allá afuera te espera un Circo Zoocial. Jojujojuje. Risa carnavalesca.
Adiós.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
Génesis
Y Dios vio que la mierda era buena y con ella creó al Hombre.
Después creó el hastío y lo llamó Tiempo.
Después creó el hastío y lo llamó Tiempo.
Un Hombre determinado por el Tiempo no debe crear sin destruir. Todo valor obsoleto debe ser inmolado en aras de un sentido superior. El ciclo vital demanda la fertilidad de la muerte, no sólo de la vida. La acumulación, el currículum, es vano onanismo, mera afirmación de lo podrido, de lo obsoleto, de la muerte estéril. El Arte de Artigar es el supremo arte de la vida.
Es así como de las cenizas de mi viejo blog recén inmolado surge este nuevo intento de afirmación personal.
Y vos, ¿destruyes para crear o acumulas para hipertrofiar?
Es así como de las cenizas de mi viejo blog recén inmolado surge este nuevo intento de afirmación personal.
Y vos, ¿destruyes para crear o acumulas para hipertrofiar?
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