Para Laura.
(Una entrada de mi anterior blog, que sobrevivió, sigo sin saber cómo, a la destrucción del mismo)
Durante una de mis deambulaciones
por la ciudad pestífera que circunda mi morada, y mientras retumbaba en mis
audífonos algún hijo bastardo del metal con el flamenco, viré mi vista hacia la
avenida atiborrada a la que acababa de llegar. Un escenario de ruidos
sempiternos y estridentes, acompañados de movilidad constante, aunque no
siempre fluida, que representaba una turbulencia urbana en su máxima expresión,
se abría ante mí.
¿Qué pensarán aquellos entes que, cómodamente sentados dentro de sus automóviles, se dirigen a alguno de sus destinos rutinarios? ¿Qué pensarán los transeúntes amorfos que, a paso rápido, caminan a ambos lados de mí en direcciones opuestas como movidos por una voluntad superior? ¿Qué pensarán las diversas sombras de aquella hilera en la acera que, tiesas e inexpresivas cual gendarmes ingleses, tal vez esperan el transporte público?
"Soy incapaz de saber lo que piensan", me dije, “pero ante la repetición imparable del mismo panorama día tras día, podría concluir que en las calles de la ciudad hay una inmensa masa de gente.... lo que no hay, lamentablemente, son personas."
¿Qué pensarán aquellos entes que, cómodamente sentados dentro de sus automóviles, se dirigen a alguno de sus destinos rutinarios? ¿Qué pensarán los transeúntes amorfos que, a paso rápido, caminan a ambos lados de mí en direcciones opuestas como movidos por una voluntad superior? ¿Qué pensarán las diversas sombras de aquella hilera en la acera que, tiesas e inexpresivas cual gendarmes ingleses, tal vez esperan el transporte público?
"Soy incapaz de saber lo que piensan", me dije, “pero ante la repetición imparable del mismo panorama día tras día, podría concluir que en las calles de la ciudad hay una inmensa masa de gente.... lo que no hay, lamentablemente, son personas."
Con los
anteriores pensamientos aún bullendo en el interior de mi cabeza, ingresé en un
bar que se encontraba cerca de donde caminaba, dispuesto a embriagarme y
sentirme parte de aquella monotonía y decadencia citadinas.