miércoles, 19 de septiembre de 2012

Onanismos mentales de un paria

Yo sabía que el alba es escueta y lo único impactante es el humo diluido en la nocturna ambigüedad. Ayer adoraba dicha metamorfosis ecuánime cuando fui interrumpido por un soplo edénico que parecía salir de tu labio crepuscular: -¡Hola! - Cántico ondínico formado por trazos inexistentes. ¡Malditas alucinaciones! Y yo le grité obscenidades a tu fantasma, no sé si por enojo o por placer. Cómo me habría encantado que también tu sangre hubiese aparecido ante mí en aquel momento...

La televisión seguía encendida en el Canal Onírico, transmitiendo las aventuras de Parzival el caballero se(nti)mental, y aquellas secuencias me hicieron recordar la brujería lírica de tu cuerpo sobre la sábana, y la epopeya de mis dedos escarbando tu cabello en cascada. Para ser franco, desperdicié los minutos sucesivos intentando dibujar el diafragma que me hace sentir vivo, y es que ahora sólo me dedico a postergar la morgue con el instante agridulce, el caramelo miasmático, la cereza empanizada con polvo, el chocolate relleno de excremento...

Alguna vez me pediste discursos cupidescos, pero mis neuronas envenadas hacen imposible la articulación coherente de una sola línea de ellos. Aun si estuvieses aquí y ahora, no podría hacerlo. En vez de eso, te hablaría del café impregnado de mota, o del arroz en el tenedor;  tal vez te contaría las crónicas del papalote sobre el techo azul aguamarino o intenso carmesí como el ave de fuego, o dilucidaría sobre la piraña alada, o el rojo de tus piernas, diluido en tu simetría Venusiana... Y tal vez te invite a oler el polen sobre mis libros, o a rezar conmigo a San Vejestorio Roto. Te escribiría miradas en tu brazo satén, y dejaría que tus manos jueguen conmigo a la Creación, sólo para regocijarme con tu pupila estremecida al minuto siguiente.
¡Y si acaso sólo después de eso seré capaz de dibujar la Destrucción Perfecta!

Y cuando todo termine, te suplicaría que me arrojes por la ventana: ya no serviré de nada en tu vida. Al fin y al cabo, y como todos, yo nací para morir, para vivir para morir.
Sólo te advierto que allá afuera te espera un Circo Zoocial. Jojujojuje. Risa carnavalesca.

Adiós.

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